Por unas causas o por otras, no habia ido al cine desde hace mas tiempo del que me atrevo a calcular (con deciros que la ultima pelicula fue Juno en Nottingham os haceis una idea). Por eso, ayer, cuando correteaba con el monedero en una mano y el bolso colgado del hombro, la cocacola mas grande y un twix en la mano, dirigiendome a la sala grande en el momento en que sonaban los creditos de apertura, no podia evitar sonreir. Y solo al tirarme en la butaca, tras bajarla con el codo en un movimiento fluido perfecionado solo tras años de practica, dejar la cazadora y el bolso en el asiento de al lado, recogerme el pelo tras las orejas para que no me moleste y sacarmelo de dentro de la camiseta para que no me haga cosquillas, completando el ritual depositando la cocacola en el suelo solo un segundo para coger la postura adecuada con las piernas cruzadas sobre el asiento y cogiendola despues para colocarla en el hueco entre mis rodillas, me di cuenta de que lo necesito tanto como respirar.
Y aunque la pelicula no era nada del otro mundo, no habia chicos ni chicas tan guapos/as como para que me impresionaran, el final se veia de lejos y hacia un poco de frio; me encanto volver a mi habitat, y prometi no volver a dejar tanto tiempo antes de volver.
2 comentarios
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Es más, como placer colateral te ha dado para escribir un post. Es broma.
Un saludo
Conozco esa sensación, volver al cine tras muchisimo tiempo, me pasó hace poco, la última película que había visto era Next (allá por julio) y tuvo que aparecer Sweeney Todd para que volviera a ir asiduamente al cine, y que encanto tiene ese momento en el que entras por la puerta, saludas al que pica la entrada, compras una bolsa de gominolas y vas dentro a sentarte en tu sitio de siempre, aahhhh